Los peligros de internet y la cultura de lo inmediato. (Los internetentes)

Resumen: Internet ocupa cada vez un papel más relevante en nuestras vidas. No obstante sus muchas ventajas, supone riesgos nada desdeñables y cambios culturales cuya trascendencia todavía desconocemos. ¿Cambio necesario o caballo desbocado?
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Decidí escribir este artículo después de uno más de esos episodios en que uno acaba harto de que te obliguen a hacerlo todo por internet. Uno más.

 

MATRICÚLATE POR INTERNET  

Hace unos días decidí matricularme en unos estudios ofertados por una universidad española de prestigio. El nombre es lo de menos, pues es algo que se repite en diferentes ámbitos.

 

El caso es que me dirigí a la facultad, que por fortuna todavía existe físicamente, para consultar y tratar de matricularme. Un señor, correcto pero cortante, me respondió que debía matricularme por internet, que era obligatorio.

¡Cómo no lo había pensado yo! Claro, es que en mi época las matrículas se gestionaban con formularios en papel, y además, rellenados a mano, lo cual tiene mucho delito. ¡Qué atraso eso del bolígrafo! ¡Y qué atraso eso de personarse físicamente para realizar trámites de cierta trascendencia!

En fin, prefería hacerlo presencialmente, pero donde manda capitán no manda marinero. Era lunes y el plazo de matrícula se prolongaba hasta el viernes. No había prisa. Al llegar a mi casa comencé con el proceso de matrícula por internet.

La primera sorpresa llegó cuando observo el diseño del proceso de identificación personal. Comenzaba solicitando el número de Documento Nacional de Identidad. A continuación, te pedía el dato de su fecha de caducidad y permiso para “extraer información de la base de datos del Ministerio del Interior”. ¿Había leído bien? ¿Ministerio del Interior? Desde luego que no entendía nada. Al pulsar en aceptar… voilá! Efectivamente, a partir del número de dni habían extraído mis datos personales: nombre y apellidos, fecha de nacimiento, etc.

Tras introducir datos adicionales, llegabas a ser un ente virtual. ¡Aleluya! Soy un ente-internet o un internet-ente, o para enterdernos, un internetente. Eso sí, el proceso estaba securizado por el envío de correos electrónicos a los que se debía acceder para realizar validaciones. Así que los pillos que intentaran dar direcciones falsas de e-mail se daban de bruces contra un muro infranqueable. Eso me aportó una gran tranquilidad. Adquirida ya mi nueva condición de internetente por fin podía matricularme en los estudios deseados.

No obstante, hay que hacer una loa a los cerebros que hay detrás de todo esto:

a) Por permitir que cualquier persona que por casualidad hubiera anotado un par de datos personales míos pudiera suplantarme sin mayor problema. Ni siquiera un certificado digital. Nada.

b) Al ministerio del Interior, por salvaguardar los datos de los ciudadanos. Se entiende que es un motivo de seguridad nacional que justifica la cesión de esos datos y muchos más que alguien quiera matricularse en una universidad. De hecho, permite capturar a terroristas que estando en paradero desconocido deciden matricularse en la universidad y facilitar su dirección y teléfono.

c) Al diseñador del proceso. Está claro que para una matrícula con los últimos avances tecnológicos no podía quedar atrás el cruce entre bases de datos para obtener cierta información que llevaría como 30 segundos escribir. Al fin y al cabo el tiempo es oro, y si la universidad tiene pongamos por caso 9000 alumnos, el tiempo ahorrado en total equivale a 75 horas, aproximadamente 3 días. Y además de ese ahorro considerable, nos lucimos y demostramos que sabemos cruzar datos. Es para darnos besos a nosotros mismos.

 

 

SERVIDORES CAÍDOS

Pero la epopeya de la matrícula no termina aquí. Una vez convertidos en internetentes comenzamos el proceso de matrícula. ¡Por fin!

Bueno, el proceso lo comenzamos, pero no lo acabamos, o no lo hemos podido acabar. ¿A ver quién adivina qué pasó? Sí, sí, servidores caídos… esos mensajitos que nos aparecen de vez en cuando y que son del tipo:

· Lunes: Error 404. Page not found.

· Martes: Unauthorized process. Unable to connect with database.

· Miércoles: Error HTTP 500 Internal server error.

· Jueves: Por motivos de mantenimiento el servicio no está disponible. Vuelva a intentarlo en unos minutos...

· Viernes: The requested URL /content/view/15/29/ was not found on this server.

 

Tranquilo todo el mundo que aquí no pasa nada. Ha habido unos problemillas informáticos y se prolonga el proceso de matrícula, además a todo el que tenga dificultades se le atenderá personalmente (se entiende que físicamente, no como internetente) en la facultad de modo que nadie se quedará sin matricularse.

Y que quede claro, los problemas informáticos son técnicos. Los servidores se caen porque se caen, que nadie vaya a pensar que se han caído porque al tratar de matricularse miles de alumnos a la vez han desbordado la capacidad de las pobres máquinas. El año que viene, si hay suerte, no volverá a ocurrir.

 

 

LA BRECHA TECNOLÓGICA

Para los que nacimos en los años 60 y 70 los ordenadores no son nada nuevo. Muchos de nosotros pudimos vivir una infancia y adolescencia donde ya era patente el fenómeno tecnológico. Pequeñas máquinas de videojuegos, precursoras de las consolas actuales, así como pequeños ordenadores personales como el Spectrum, Commodore y Atari nos permitieron familiarizarnos con lo digital. Esto supuso un salto generacional: nuestros padres quedaban atrás y no querían o podían entender la tecnología emergente y la trascendencia que iba adquiriendo. No obstante, aún era demasiado pronto para soñar siquiera con teléfonos móviles o la videoconferencia.

Las nuevas generaciones, pongamos que los nacidos a partir de los años 90, han vivido en un mundo que no se parece ni al de nuestros padres ni al nuestro. En efecto, armados desde la más tierna infancia con la más potente tecnología, ven muy naturales las matrículas por internet, las videoconferencias, chateos, el facebook, twitter, tuenti, el iphone, la blackberry, etc...

A los que vamos un paso por detrás nos pasa lo que a nuestros padres, no queremos o podemos entender toda esta nueva forma de vivir. Si reflexionamos sobre algunas cuestiones del día a día, podemos ver cómo ha cambiado el mundo:

a) Nuestros bisabuelos no tenían teléfono. Usaban el correo postal, que tardaba mucho en llegar. Además requería saber leer y escribir, cosa que no estaba al alcance de todo el mundo, y el esfuerzo de escribir la carta, normalmente a mano, doblarla, meterla en un sobre, ir a la oficina de correos y ponerla.

b) Nuestros abuelos vivieron la época de la centralita de teléfonos. Es decir, no tenían teléfono en sus casas, pero en un lugar céntrico del pueblo había una centralita de teléfonos adonde se podía desplazar uno para recibir una llamada o realizarla. Claro que no siempre había suerte porque las comunicaciones eran precarias y había días que era imposible comunicarse excepto con el vecino de enfrente.

c) Nuestros padres vivieron la época de los teléfonos fijos. Ya había teléfono en casa. Pero todavía no habían llegado los inalámbricos. Es decir, había que levantarse del sillón e ir a donde estuviera ubicado el teléfono para realizar la llamada. Y si no se encontraba a la persona al otro lado de la línea, se dejaba recado y había que esperar. Cuando estabas de viaje o fuera de casa, había que bajar a una cabina pública a llamar, hiciera frío o calor.

d) Y llegaron los teléfonos móviles. Ya no hay que levantarse del sillón o la cama. Basta con teclear el número y ya está. Comunicamos directamente con otra persona.

e) Y llegó la videoconferencia, y no sé cuántas cosas más. Esto ya no sé cómo explicarlo, es como si el tiempo me hubiera adelantado y ahora la tecnología va por delante mía.

 

Bueno, este pequeño ejemplo lo podemos extrapolar a muchas otras cosas. Nuestros bisabuelos estudiantes, cuando querían realizar una revisión bibliográfica sobre un tema… tenían que sudar la gota gorda y “caminar muchos kilómetros”. Hoy internet nos permite realizar una revisión bibliográfica desde nuestro sofá, sin levantarnos, pulsando cuatro teclas.  

 

 

LA CULTURA DE LO INMEDIATO

Y así es como hemos llegado a algo que caracteriza a la sociedad de hoy día. La “cultura de lo inmediato” frente a la arcaica “cultura del esfuerzo”. Hoy día lo queremos todo para ahora. Quiero una pizza: descuelgo el teléfono y llamo para que me la traigan a casa. Quiero saber cuál es la capital de Suazilandia, tecleo en un buscador su nombre y al momento leeré que es un pequeño país al sur de Africa y que su capital es Mbabane. Tengo una duda sobre un tema: tecleo en un foro y espero que me respondan. Quiero realizar una transferencia de dinero: lo hago por internet. Mi banco por internet, me matriculo en mi universidad por internet, televisión por internet, radio por internet, videoconferencia por internet, tiendas de ropa por internet, compro mis billetes de avión por internet, consigo novia por internet, gestiono mi empresa por internet, tengo abogado por internet, leo el periódico por internet, trabajo por internet… Todavía no hacemos nuestras necesidades por internet, pero seguro que algún cerebro está pensando en cómo se podría arreglar esto.

Estamos viviendo un cambio cultural profundo, posiblemente no tan nefasto como los más pesimistas puedan pensar pero tampoco tan inocuo como otros suponen. Lo cierto es que desconocemos las consecuencias que va a tener. Tan sólo sabemos que es rápido.

 

 

ALGUNOS PELIGROS QUE SE CIERNEN SOBRE LA TIERRA MEDIA

La Tierra Media, ese lugar mítico del Señor de los Anillos (por cierto, antes leíamos la novela dedicándole muchas horas… ahora vemos la película, que es tecnológicamente más avanzada y mucho más rápido) estaba amenazada por un peligro. Nuestra Tierra Media, es decir, la tierra que habitamos las personas normalitas, está amenazada por peligros que emanan de internet, aparte de los ya tradicionales como las guerras o la delincuencia. Internet es una herramienta, una tecnología, al igual que la energía nuclear, que puede ser bien o mal usada. Citemos algunos peligros del mundo virtual:

· Tus datos no están seguros. Ni siquiera aunque los gestione el ministerio del Interior.

· La seguridad de tus datos es cada vez menor. A medida que hay más información digital sobre ti, más fácil es que haya fugas de información. La fuga de fichas de papel tiene un recorrido bastante más limitado que la fuga de ficheros informáticos.

· Tu identidad no está segura. Pueden suplantarte.

· El concepto de privacidad ha cambiado. La penetración de las redes sociales es cada vez mayor. Mucha gente parece haber renunciado (o desconoce que ha renunciado) a su privacidad.

· Los internetentes adquieren cada vez más capacidad tecnológica y cada vez menos capacidad humana.

· Los internetentes se alejan de las anteriores formas de vida y cultura humana basadas en esfuerzo físico, desplazamientos y periodos de tiempo prolongados para conseguir objetivos.

· Las cosas no funcionan. Lo que está mal planteado, está mal planteado. Da igual que lo hagas con un proceso tecnológicamente avanzado a que lo hagas con formularios de papel.

 

 

Y A PESAR DE TODO

Este artículo se ha escrito únicamente con ánimo de hacer reflexionar a aquellas personas que lo lean. No estamos a favor ni en contra de internet. De hecho, le dedico muchas horas del días a estar sentado frente al ordenador y a la red de redes. Posiblemente me estoy convirtiendo en un internetente. Y no sé en qué irá a parar todo esto…

 

 

 

 

 

 

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